La
amistad es un valor escaso y atemporal que ya preocupaba a los
clásicos y era motivo de análisis filosófico y controversia:
Cicerón
opinaba que «vivir sin amigos no es vivir».
Platón
nos aconsejaba que «no debemos dejar crecer la hierba en el camino
de la amistad», y Aristóteles afirmaba que «la amistad es un alma
que habita en dos cuerpos, un corazón que habita en dos almas».
No
es rotundamente cierta la afirmación de que vivimos en una sociedad
tan tremendamente competitiva e individualista que el sentimiento de
la amistad no tiene cabida en ella.
Es
evidente que, dado el ritmo de vida al que nos vemos sometidos, cada
vez es más difícil llevar una vida social lo suficientemente rica
que desemboque en el hallazgo de esta extraña perla que es la
amistad.
Por
el camino vamos a encontrarnos con desengaños, falsedades y
tropiezos, con desilusiones, prevenciones y temores.
Pero
no debemos desistir en el empeño ni condenarnos por miedo al fracaso
a vivir sin un alma con quien compartir lo mejor y lo peor de nuestra
esencia.
Con el siguiente ritual vamos a intentar lograr que la
amistad sea un hecho tangible en nuestras vidas.
Ingredientes:
Sal
gruesa.
Un tapete morado.
Tres velas de miel.
Un vaso de agua.
Sal fina.
Un pañuelo personal que no sea nuevo.
Una piedra de sal.
Una hoja de hiedra.
Un palo de canela.
Un tapete morado.
Tres velas de miel.
Un vaso de agua.
Sal fina.
Un pañuelo personal que no sea nuevo.
Una piedra de sal.
Una hoja de hiedra.
Un palo de canela.
Preparación
Situaremos
sobre la mesa de trabajo una capa de sal gruesa para que proteja el
ritual. Sobre dicha capa dispondremos el tapete y centrado en el
mismo depositaremos las tres velas de miel, formando un triángulo
con dos velas en su base y una tercera en la cúspide. Una vez
colocadas las velas, procederemos a encenderlas con una cerilla de
madera, teniendo en cuenta que necesitamos una cerilla para cada
vela.
A
la derecha de las velas pondremos un vaso de cristal. Llenaremos la
mitad con sal fina y la otra mitad con agua. Sobre el líquido
derramaremos una gota de cera de cada una de las velas. Mientras,
diremos en voz alta nuestra petición de amistad y compañía.
Pasaremos el cristal de sal encima de la llama de cada una de las
velas y lo situaremos en el centro del pañuelo.
Antes
de proseguir con otro paso, colocaremos las dos manos sobre el
cristal de sal pidiendo nuevamente fuerza, para lograr y preservar la
amistad.
Tomaremos
la hoja de hiedra y, con ayuda de la uña del dedo pulgar de la mano
derecha, dibujaremos sobre su superficie una estrella de seis puntas,
grabando la inicial de nuestro nombre en el centro de la estrella.
Seguidamente, colocaremos la hoja de hiedra en el centro del conjunto
y la cubriremos con sal gruesa.
Tras el paso anterior, cogeremos el palo de canela con la mano derecha y, mientras con la izquierda magnetizamos todo el conjunto, dibujaremos un círculo imaginario que cierre el ritual, renovando nuestra petición y solicitando que la misma sea escuchada.
Tras el paso anterior, cogeremos el palo de canela con la mano derecha y, mientras con la izquierda magnetizamos todo el conjunto, dibujaremos un círculo imaginario que cierre el ritual, renovando nuestra petición y solicitando que la misma sea escuchada.
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